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domingo, 11 de noviembre de 2012

Me quiero.

Ya habéis leído más sobre mi espejo en anteriores entradas, pero es que lo necesito para darme cuenta de qué soy.
Me fascina.
Me veo a mi. Y muevo un brazo, y pienso: "¿Cómo lo hago?"
Es increíble, estoy viva, hago lo que quiero con mi cuerpo. Doy vueltas, salto, me miro.
Estoy viva y soy dueña de mi cuerpo.
Me miro la tripa, vaya, me sobran un par de kilos, debería adel... PIZZA.
No, no sería capaz de hacer ningún tipo de dieta. Soy demasiado feliz comiendo.
Bueno, mi cara no es perfecta, pero eh, a mi no me disgusta, me he acostumbrado a ella.
Me quiero, me doy cuenta.
¿Por qué no quererme?
Oh, vaya, ahora pensaréis que tengo el ego por las nubes.
Lo cierto es que no.
Pero no está de más quererse de vez en cuando.
Venga, pensadlo, quereros.
Miráos, controlad vuestro cuerpo frente al espejo.
Vuestra mente, vuestras expresiones.

Soy dueña de esa chica del espejo, debería quererla, ¿no? Al fin y al cabo.. pobrecilla, sólo me tiene a mi.

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