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lunes, 27 de mayo de 2013

Conociendo a mi escalera.



Me siento, noto el frío del mármol subiendo por mi columna. Duro, mi culo se resiente. Me apoyo en la pared, también fria, congelada. La camiseta me llega a la altura del ombligo, la franja de mi espalda que coincide a la altura de los riñones se congela, por hacerle compañía a la pared.
Miro al techo.
Me tumbo, el suelo parece aún más duro. Apoyo la cabeza en el escalón y mi cuello se retuerce pidiéndome auxilio. Paso el brazo por debajo, así se está algo mejor.
No puedo dejar de moverme, por mucho que junte mis rodillas al pecho el suelo sigue estando duro y frío.

Me vuelvo a sentar, ahora mi espalda cruje. Supongo que es su manera de quejarse.
Se apaga la luz, se apaga si no le doy al botón de nuevo, y por muy incómoda que esté... el botón está demasiado lejos para lo cansada que estoy.
Se apaga la luz y lo único que se ve es la rendija del ascensor, estoy tan cansada que la veo borrosa, bailando en la oscuridad.

Me apoyo en una esquina, un hombro en cada pared, así al menos no me congelo los riñones.
Apoyo también la cabeza, miro hacia arriba, no se ve nada, parece que estoy soñando.
El cansancio y el frío del suelo han hecho que me cueste moverme, imagino que tuviera que estar así durante meses, años, como un preso. Qué duro, intentaré no matar a nadie, o al menos, intentaré que no me pillen. Este lugar me hace pensar demasiado. Por eso escribo esto, para distraerme, era esto o mantener conversaciones filosóficas con los escalones, y aunque el segundo parece majo, el primero me ha congelado la nuca hace un rato, y no quiero ni mirarle.

Otra luz se une a la oscuridad, la luz del ascensor, un triángulo que indica que hay un humano más en esta escalera, requiriendo del ascensor, qué suerte, ese humano podrá entrar en su casa.
Se apaga, el humano debe estar a punto de estar en su dulce hogar. En efectivo suena una puerta. Ya ha entrado. Ha sido escasa la compañía humana. Por la lejanía del ruido intuyo que venía de alguno de los primeros pisos. Estoy segura de que si pasara aquí mucho tiempo lograría distinguir el ruido de una puerta en cuestión del piso exacto del que proveniese. Sería algo realmente estupendo, aunque si supiera hacerlo ahora mismo... no podría presumir de ello ante nadie.

Vuelve a encenderse la luz del ascensor, otro humano.
El ascensor sube, hace ruido. Dos "Plop" por trayecto entre piso y piso. un "Plas" Por cada piso que deja atrás. Sube, no... no.... NO...¡NO! Se para en este piso. Tardo un segundo en coger mi riñonera y subir corriendo al piso de arriba, me pego a la pared. Como si temiera que me vieran. Suena la puerta, el humano entra en su casa. Aliviada bajo al descansillo de nuevo, y al sentarme vuelvo a notar el frío mármol.
Respiro, me doy cuenta de la vergüenza que hubiera pasado si hubiera tenido que contestar a la pregunta "¿Qué haces ahí?" Con un tímido "Se me han olvidado las llaves de casa".

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